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Acumule derrotas

Acumulé derrotas: peso oscuro, un lastre que en el alma se adormece; cada ilusión caída se estremece y deja su verdad como conjuro. Sombras caen cerrando el cielo impuro, mas tu luz obstinada permanece; la rendición es voz que no merece lugar en este pulso firme y duro. La lucha no se apaga en la caída, ni el golpe quiebra el centro de mi paso; resiste en lo más íntimo del ser, Y en cada herida encuentro otra salida: un fuego nuevo nace del fracaso, y vuelve el alma entera a renacer.

Sonetos del fenix

Ave Fénix Del fuego nace en llama renovada, la aurora tiñe el aire de colores, renuncia a la ceniza y a dolores, su canto anuncia vida liberada. El tiempo le regala otra alborada, su vuelo se abre al sol, rompe temores, y guarda en cada pluma resplandores, de muerte transformada en llamarada. Eterna en su derrota y su victoria, renace cuando el mundo la sepulta, del polvo se levanta con su gloria, y enseña que la vida nunca es culta, sino un ciclo de fuego y de memoria, un grito que del alma nunca exulta. Fuego eterno Del trueno surge el canto redentor, del hierro y de la sangre se despierta, ninguna tumba queda siempre abierta, ningún ocaso ahoga al vencedor. Quien cae se transforma en resplandor, la llama en su ceniza queda alerta, y en nueva aurora, súbita, despierta un vuelo ardiente, férvido, mayor. Así el Fénix proclama en su tormenta que el fin jamás corrompe su destino, que toda ruina al sol se representa, y alza su grito fiero, sobrehumano, rompiendo eternidades de camino, for...

Sensaciones

Hace mucho tiempo practicaba pintura en la primera asociación de bellas artes de la Argentina. Las clases eran libres, o relativamente libres: acuarela, grafito, óleo, cualquier material pictórico se volvía posible. Había modelo vivo, naturaleza muerta, formas abstractas. Pero más que las imágenes, lo que permanece es el recuerdo de las sensaciones. El olor a trementina, el mate que pasaba de mano en mano, el murmullo del tango de fondo, las conversaciones que se enredaban entre banalidades y confidencias. Pintar era casi una excusa: lo que me quedó grabado es la textura de esos momentos, como si hubiesen sido un cuadro colectivo pintado en la memoria. Después de las clases solíamos ir a un café en la esquina de Maipú y Paraguay. Allí nos esperaba siempre el mismo mozo, que ya sabía de dónde veníamos y nos recibía como si fuéramos parte de una rutina compartida. Tenía un vínculo especial con el mundo del arte: había trabajado en el Palais de Glace, donde conoció a muchos artistas. Quiz...

Sendero Infinito

En libros viejos busca el corazón, respuestas que se esconden con cautela; pregunta el alma, y la razón anhela tejer saber con dudas en canción. Se alza en el aire sabia confusión, que todo lo entendido se desvela; la vida misma manda y nos consuela, con cada error se forja la lección. La vida enseña más de lo esperado, no da verdades firmes ni conclusas, sino un sendero nuevo en cada paso. Seguir buscando es premio inacabado: las puertas se renuevan siempre ilustres, y el aprender nos guía sin ocaso.

Civilización es barbarie

Uno de los libros más interesantes de la humanidad afirma que Europa apenas empezó a reconocer a Oriente cuando Oriente aprendió a ganar guerras. La frase desnuda un rasgo profundo de lo que llamamos civilización: el prestigio se mide por las victorias en combate. Cuatro décadas antes de la publicación de ese libro, en Argentina ganaba las elecciones un genocida que veía en las armas una herramienta civilizatoria. Domingo Faustino Sarmiento, convencido de ser un defensor de la nueva civilización occidental, nos mostraba un debate entre civilización y barbarie. Una consigna que, en su núcleo, llevaba la exclusión de todo aquello que no encajaba en el molde occidental. El presidente y sus sucesores ganaron las elecciones persiguiendo opositores. Esa práctica no hace más que reafirmar su pensamiento: si la civilización occidental se impone a través de la violencia, la democracia nacida bajo su signo no podía ser de otra manera. Los “civilizados” del extremo occidente edificaron, sobre l...

El arte de desobedecer

Existe una historia, tan envuelta en secretos militares que su veracidad se debate en las sombras. No tengo pruebas irrefutables, pero quizás, solo quizás, ocurrió así. La misma naturaleza secreta de los hechos, el juramento de silencio de quienes estuvieron allí, podría ser la única evidencia que nos queda. No sé los detalles exactos, pero imagino que pudo haber sido algo así: La carta del Directorio llegó sellada, urgente, con esas palabras firmes que suelen usar los gobiernos cuando sienten que pierden el control. San Martín la leyó con el ceño torcido. No por sorpresa, sino por fastidio. Sabía lo que decía: reprimir a Artigas. Frenar el desorden federal que crecía como yuyos en el Litoral. Pero él no era un jardinero de la obediencia. Era un estratega. Y entendía que a veces la mejor manera de obedecer es hacerlo mal a propósito. Así que escribió su respuesta, con la elegancia de quien no miente, pero tampoco dice todo. Aceptaba la orden. Mandaría tropas. Las suyas, claro, no: el E...

El centro del mundo 🌎

Durante siglos, distintos pueblos trazaron sus propios centros: los franceses lo situaban en París, los españoles en Cádiz, los italianos en Roma. Cada potencia eligió su referencia. Finalmente, en 1884, en una conferencia internacional dominada por Inglaterra, se impuso el meridiano que pasa por Greenwich como punto de partida universal para medir longitudes. ¿Qué hay en Greenwich? Allí está el Observatorio Real de Greenwich. Desde allí decidieron que ese sería el centro del mundo. No fue la naturaleza la que lo señaló, sino una decisión política respaldada por el poder de un imperio. Ese centro no está dado por la forma de la Tierra sino por el poder politico. Colocar a Greenwich en el corazón de los mapas fue una manera silenciosa de reforzar un dominio global. Así, el meridiano cero no solo ordena relojes y coordenadas: también recuerda que incluso en la geografía, lo que se presenta como natural muchas veces nace de la política.