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Mostrando las entradas etiquetadas como Nicolás Bascialla

Haiku

8 Día de otoño 𝄽 El viento entre las ramas Caen las hojas 🍂  7 Noche serena  Absoluto cilencio   𝄽 Una gota cae 6 Nubes oscuras Una invernal tormenta 𝅁 Rayo fulgura 5 Viejo almanaque cuelga de la pared canta un zorzal 4 Tarde nublada sobre un antiguo estanque  𝄽 llueve despacio 3 Todo es tranquilo  En el bosque silencio Viento en las hojas 2 Oscura noche 𝅀 Ciudad bajo la niebla 𝄽 Astros titilan 1 La suave brisa Tarde de primavera 𝄽 Canta un gorrión

No se entrega la victoria

No se entrega la victoria Se puede perder la vida, el honor no se puede perder. — ¿Y un partido? —preguntó el más chico. El viejo tardó en responder. Miró la cancha. Miró los fusiles apoyados contra la sombra de la tribuna. —Sí —dijo al fin—. Pero no se entrega la victoria. La ciudad había sido tomada hacía meses. No hubo incendio ni derrumbe. Solo un cambio de voces. Las órdenes ya no se daban en la lengua de siempre. Las puertas se cerraban antes. Las calles se vaciaban rápido. Y, sin embargo, la cancha seguía ahí. Como si no entendiera. Los reunieron por la mañana. No hubo explicaciones largas. —Hoy juegan —dijo uno de los soldados invasores—. Y pierden. Nadie preguntó qué pasaba si no. No hacía falta. Otro levantó apenas el fusil, como quien señala el cielo. Alcanzó. Antes de salir al campo, el más chico habló en voz baja. —Entonces… ¿jugamos para ellos? El viejo negó. —Jugamos como siempre. —Pero hay que perder. El viejo lo miró fijo. —Hay cosas que se pierden —dijo—. Y hay cosas ...

Vio las estrellas

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Versos en la lluvia

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Arranco el día fiel desde el primero, como quien cumple un rito necesario; mas cargo en mí, nocturno y solitario, el vicio de habitar lo venidero. La noche deja en mí su leve acero, su pulso irregular y extraordinario; y el alba, aunque reclame su horario, me encuentra aún perdido en su sendero. La lluvia cae en gotas pensativas, sin saber que se vuelve melodía al roce de un saxofón distante. Y busco entre palabras fugitivas un verso que se niega todavía; mientras soy con la música un instante.

El arte de desobedecer

Existe una historia, tan envuelta en secretos militares que su veracidad se debate en las sombras. No tengo pruebas irrefutables, pero quizás, solo quizás, ocurrió así. La misma naturaleza secreta de los hechos, el juramento de silencio de quienes estuvieron allí, podría ser la única evidencia que nos queda. No sé los detalles exactos, pero imagino que pudo haber sido algo así: La carta del Directorio llegó sellada, urgente, con esas palabras firmes que suelen usar los gobiernos cuando sienten que pierden el control. San Martín la leyó con el ceño torcido. No por sorpresa, sino por fastidio. Sabía lo que decía: reprimir a Artigas. Frenar el desorden federal que crecía como yuyos en el Litoral. Pero él no era un jardinero de la obediencia. Era un estratega. Y entendía que a veces la mejor manera de obedecer es hacerlo mal a propósito. Así que escribió su respuesta, con la elegancia de quien no miente, pero tampoco dice todo. Aceptaba la orden. Mandaría tropas. Las suyas, claro, no: el E...